Marcos Martinez: "¿Si amplia la imagen puede ve...

Marcos Martinez: "¿Si amplia la imagen puede ver a un hombre con un arma en la mano?"

 

Estas fotografías de Marcos Martínez toman muy en cuenta los problemas contemporáneos de autoría y apropiación: ¿quién es el dueño de una imagen que circula públicamente? Como puede llegar a descubrir el cinéfilo, la base de la serie es el cine del director italiano Michelangelo Antonioni. Más concretamente, tres de sus películas: Blow Up (1966), La aventura (1960) y La noche (1960). Contaminado con las preocupaciones del presente, el modo de realización de estas imágenes seduce por su intencionada redundancia. Martínez lo expresa con claridad: “De alguna manera, en este caso, la obra es tanto la imagen como el proceso (y conceptos) de su construcción. Así es que las imágenes que produje me cautivan aún más si cuento con la información de cómo están hechas y de que se tratan de ´imágenes zoom´ de películas de Antonioni”. Las capas de sentido se multiplican tras los sucesivos añadidos que les dieron las capturas de los soportes:   fotograma, video, negativo, escaneo, computadora, su ruta…

¿Qué hay de diferente entre estas imágenes y cualquier otra que un espectador podría congelar y bajar de Internet? En primer lugar, la perspicacia del ojo que obtura del otro lado de la pantalla; ese ojo (el del fotógrafo) captura un instante en el devenir de la proyección con la misma precisión que podría haberlo hecho un censor, sólo que en su caso lo recortado tiene una intencionalidad feliz, plena de sentido: sintetizar y reflexionar sobre la estética del realizador de cine del que lo tomó. El procedimiento de la cita salta a la vista, y no es parodia sino homenaje: literalmente, lo que el fotógrafo hace es hacernos ver lo que quizás se nos ha pasado por alto. Para hacerlo, aprieta la tecla Alto-Stop en su control remoto (o la pausa en la pantalla), y después el botón de su cámara; previo trabajo de reencuadre del plano congelado.

Pero además las fotos asumen su simbiosis como imágenes colectivas, y eso es lo que las hace aún más interesantes. “De algún modo, mis fotos también están bajadas de una red de imágenes. Así es que comparten los conceptos que vengo trabajando: la apropiación, la reproducción, los diversos soportes, la recontextualización”, dice Martínez y adhiere a la idea de que la obra del artista visual funcione hoy como un esquema de “cajas chinas”: en este caso, las fotos circulan plasmadas desde un fotograma de cine; el punctum ya no estaría exclusivamente vuelto hacia adentro mismo de la imagen sino que incluiría  (forcemos el concepto barthesiano) una detención del recorrido del ojo del espectador que las observa en el ámbito novísimo de otra imagen, la del monitor donde se representa, en continuo movimiento, la realidad virtual. Quien esté viendo en estos momentos las imágenes lo hará porque ha venido “navegando” por la Red hasta una, esta, determinada pagina (sitio cultural, detención en el ciberespacio). Podría incluso decirse que la estrategia para exponerlas es parte de la misma apuesta estética. 

En La aventura, una joven mujer se pierde repentinamente en una islita volcánica. La película se olvida de ella continuando adelante con el itinerario sentimental de su prometido y de su mejor amiga. El ojo de Martínez se regodea sin embargo en los minutos iniciales, ahí donde los seres humanos se pierden prácticamente de vista en el paisaje rocoso; si se ven, recortados del fondo, es porque sus figuras están más oscuras o centradas que el espacio que hay a su alrededor. El efecto de soledad -o quizás autismo- es reforzado por el grano de la imagen que proviene de una pantalla accesoria, la de la TV o la pantalla de computadora personal, autentico grado cero de la representación visual contemporánea.  En La Noche, una pareja insatisfecha comparte diversas emociones en una fiesta celebrada en la casa de un magnate. El foco de Martínez se detiene en las miradas (externas e internas) de la pareja, empleando un reencuadre basado en el primerísimo primer plano. El clima de estas fotos pareciera transformar los subtítulos de diálogos que presenta la película en una especie de subtítulos interiores de los pensamientos de los protagonistas. Y la decisión de incluir los subtítulos en español de una obra hablada en italiano, más allá de reafirmar que estamos frente a una película, cumple de algún modo la función, en concordancia con la idea de navegación que propone Internet, de testificar que se trata de imágenes concebidas en un territorio lejano al de donde hoy se están visualizando para fotografiar. En Blow up, el director de cine se inspira en un cuento del escritor Julio Cortazar para contar su propia película; el protagonista de su historia es un fotógrafo obsesivo que descubre accidentalmente un asesinato al ampliar una “foto robada” en un parque público. En este caso el fotógrafo de carne y hueso Martínez se apropia de casi los mismos planos que toma el fotógrafo de la ficción en la película y nos los ofrece ahora con un leve cambio de ángulo reproduciendo incluso los defectos lumínicos de la imagen robada. 

¿Qué asesinato quiere revelar con ese gesto? Tal vez, el del autor como propietario de una imagen; idea que por cierto forma conjunto con parte de la producción cinematográfica de Martínez: en Social (2001), compone una pieza documental a partir del refrito de imágenes sobrantes de videos de cumpleaños y casamientos; en Edificio (2003), transforma imágenes capturadas por cámaras de seguridad en una especie de thriller donde nada ocurre más que la tensión de que pase algo. Pero como se dijo, mas allá de esta evidencia hay una definición categórica: puesto a reflexionar acerca de la impunidad del artista frente a lo que ocurre en los espacios públicos, en esta serie de fotografías Marcos Martínez postula que el parque de la película de Michelangelo Antonioni es ahora la Net, donde ¿nadie y todos somos dueños de las imágenes que suben, caminan, se besan o pululan en ella?

                                                                                                                                  (Texto de Alejandro Margulis)

Marcos Martínez nació el 22 de agosto de 1974 en la ciudad de Buenos Aires (Argentina). Es cineasta, fotógrafo y periodista. Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires (UBA), fotoperiodismo en FOTOTEA y cine en el Centro de Investigación en Video y Cine (CIEVYC). Trabajó como periodista en la Revista del diario La Nación y en el Suplemento Espectáculos y Cultura del diario La Prensa. Como fotógrafo realizó diversos ensayos documentales para Organismos no Gubernamentales de Argentina, Francia y Dinamarca. En el 2006, recibió la Beca Creación del Fondo Cultura Buenos Aires para la realización de un ensayo fotográfico sobre la Villa 21 Barracas. Expuso en distintas muestras fotográficas colectivas e individuales. Realizó cortos experimentales en video para el canal de televisión BTV de Barcelona, España. Codirigió los videos ensayos documentales MM (2000), Social (2001), Edificio (2003) y Cámara Fría (2006). En el 2007, estrenó su primer largometraje documental, Estrellas, que codirigió junto a Federico León. Estrellas en la Competencia Internacional del IX Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI 2007) obtuvo cuatro premios, entre ellos el Premio Especial del Jurado.

 

 

 


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